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Cuervo Negro

Revista Lletres Valencianes 51 / J.E. Álamo

Cuervo Negro

«Temían a los lobos. Los Cuervo eran mucho peores»

El secuestrador de la vela tiene en vilo a la ciudad de Valencia. Gabriel, tras la desaparición de la mejor amiga de su hermana, comienza a sospechar quién se encuentra detrás de estos crímenes... Por otra parte, su familia guarda oscuros secretos y nada podrá impedir que acudan al reclamo de la sangre.

Los Cuervo son una familia bien de Valencia que se dedica a la producción de vino. Se declara católica, apostólica, practicante y es evidente desde el principio que sus miembros están más preocupados por las apariencias que por el mal que anida en su seno. Ojo a este detalle, porque esa fijación por el «qué dirán» o «qué pensarán» es algo que comparten todos sus miembros, de una manera u otra, y se convierte en uno de los factores que permiten a los autores de las atrocidades disfrutar de una inmunidad casi absoluta.

Sin embargo, ese desvelo por la opinión ajena no es lo único que comparten los miembros de esta peculiar familia, porque desde la matriarca (personaje de enorme relevancia el de la madre y abuela Cuervo) hasta el más joven del clan tienen otra característica en común: el gusto por la sangre.

Y por si con lo anterior no bastase, Anabel introduce un tercer elemento que acaba por condicionar la trama: el fatalismo. Los Cuervo parecen condenados por su condición a comportamientos aberrantes, algo a lo que no se puede sustraer ninguno de ellos, ya sea de forma activa o pasiva, o ambas a la vez.

Con estos componentes, la autora elabora una historia que discurre en dos marcos temporales distintos aunque con una interacción evidente y donde la acción ubicada en el pasado sirve de aclaración y orientación para el laberinto de sucesos que se desarrolla en el presente.

Gabriel es la voz del presente. Es él quien narra en primera persona las andanzas de un asesino (¿o son más?) que horroriza a la ciudad con su ensañamiento. ¿Estamos, quizás, ante un psicópata? Es lo que prefieren creer diferentes personajes secundarios, porque necesitamos desmarcar nuestra condición como seres humanos de algunas manifestaciones de violencia. ¿Y qué mejor escudo que atribuir una condición mental anómala al autor de tales actos y despojarlo así de su humanidad?  

Tras el perpetrador de los crímenes andan Gabriel y Olga. Un profesor de música y una miembro de las fuerzas del orden, respectivamente. Y pareja, aunque a su manera peculiar. Claro que en esta historia no hay nada ni nadie que no sea peculiar. Gabriel es un Cuervo. Y si Olga está con él, es porque tomó una decisión en el pasado que unió su destino al de Gabriel. Al destino de los Cuervo.

Al escenario de las pesquisas de los dos amantes va llegando el resto del elenco familiar. Los Cuervo. Cada miembro tiene su papel, más o menos protagonista, y ya anticipamos que es complicado encontrar entre ellos a un personaje de esos a los que solemos definir como inequívocamente buenos. Es, posiblemente, éste uno de los valores más sólidos de Cuervo negro: la ambigüedad de sus intérpretes. Es cierto que en algunos casos no hay duda sobre su condición, y si no la hay, es porque su perversidad es evidente.

La otra línea temporal, la que arranca en el pasado, la vamos a recorrer de la mano Bárbara, madre de Gabriel. Es aquí donde nos sumergimos de lleno en la atmósfera emponzoñada de la familia, donde hallamos pistas y explicaciones sobre los crímenes que tienen lugar en el presente y sufriremos un escalofrío tras otro ante la sucesión de aberraciones.

Los dos narradores deshilvanan su narración en primera persona. No se señala quién habla al principio de cada capítulo, pero tampoco es necesario hacerlo, el lector identifica enseguida quién es, lo que es indicio de la sólida construcción, tanto de Gabriel como de Bárbara.

Conclusión

«Me opongo a la violencia porque cuando aparece para hacer bien, el bien solo es temporal; el mal que hace es permanente». Gandhi.

Recordé la cita de Gandhi al acabar de leer Cuervo negro. Por lo del mal permanente. Un mal que retoza en abusos, rencores, desafectos y odios extremos donde nadie se libra de las consecuencias del empleo de la violencia.

Los personajes están tallados a golpe de cincel en los que no cabe el término medio. Es una historia de negros, como los cuervos a los que hace alusión constante. De malos, peores y perversos hasta límites inconcebibles. Cabe preguntarse si hay algún personaje bueno en el buen sentido de la palabra. Y sí, lo hay, aunque cueste reconocerlo entre tanta maldad.

Es difícil empatizar con los intérpretes de la obra y no es que les falte atractivo, aunque sea morboso; es más bien porque protagonizan las mayores barbaridades, ya sea como ejecutores o víctimas. Aunque a lo mejor no es su papel de verdugos lo que nos repele, sino al contrario: es posible que sea porque todos, verdugos o no, acaban siendo víctimas de sus propios actos. Sí, de hecho casi todos los verdugos de la historia –y son legión– han sido, o son, o acaban siendo víctimas. Y los castigos son de todo menos amables.

Anabel Botella nos sumerge en una realidad que probablemente no esté muy lejos de nuestra cotidianidad, pero que ignoramos como si perteneciese a otra dimensión. El ser humano comete atrocidades que preferimos observar desde la distancia, igual que un espectáculo circense que nos entretiene, pero del que nos negamos a reconocer que somos parte.

El problema es que la autora acaba por desvelarnos que aunque solo seamos espectadores de esa violencia eso ya significa que somos parte de ella.

Cuervo negro es una novela que se define como de género negro y en el sentido que denuncia miserias sociales como los abusos infantiles, la violencia de género, la corrupción y, sobre todo, la hipocresía de una sociedad que, como decía antes, prefiere ejercer de espectador porque así no forma parte de esa violencia, entonces el calificativo de novela negra está bien aplicado.

Como colofón quiero comentar que me sorprende la versatilidad de Anabel Botella. Tiene un sólido bagaje como autora de literatura romántica, fantástica e infantil, ahora sorprende con una novela sólida de un género muy alejado de los anteriores y con una ambientación y personajes de una oscuridad opresiva.

Espero que muchos compartan la historia de Anabel Botella y la disfruten porque es una autora a la que vale seguir.

J.E. Álamo

Revista Lletres Valencianes 51

 

 

Cuervo Negro

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