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De las cenizas de la Gran Guerra

Revista Lletres Valencianes núm. 41

Ens veurem allà dalt

Ens veurem allà dalt Pierre Lemaitre . Edicions Bromera. Alzira, 2014

Esta extensa novela que desnuda la Primera Guerra Mundial y su posguerra en Francia ha obtenido el Premio Goncourt y al tiempo unas cifras extraordinarias de ventas debido a sus valores tanto literarios como descriptivos de la espantosa realidad de la Gran Guerra.

Ens veurem allà dalt es una novela trágica de acción que introduce con raro equilibrio una inteligente trama de intriga en un díptico histórico de gran poder descriptivo: las estrechas trincheras francesas de la Primera Guerra Mundial y después las amplias avenidas del París de posguerra. Sus mayores valores son el respeto por la realidad narrada, una hábil intriga que atrapa al lector desde el principio y el fondo ideológico realista con un punto de ácido cinismo. Esta voluminosa narración, que somete el estilo de escritura al ritmo de los acontecimientos, ha obtenido el favor del público, con más de medio millón de ejemplares vendidos, pero también el de la crítica, que le otorgó el Premio Goncourt del año 2013, el galardón literario más preciado de las letras francesas. 

El arranque argumental de este alegato antibélico golpea al lector con un contraste recurrente en todas las guerras, descuidado por los historiadores y encubierto por la propaganda oficial: el entusiasmo de los oficiales en el campo de batalla frente a la suspicacia de los soldados. El interés de las elites por promover la guerra a fin de favorecer sus intereses particulares contrasta con la falta de interés del pueblo llano por combatir y morir en ellas; las ventajas civiles (económicas, políticas) y militares que alientan los conflictos internacionales contrastan con la conciencia del recluta de su índole de carne de cañón («El enemigo de un soldado no es el adversario, sino el superior»). Esta dicotomía es expuesta por Lemaitre mediante las falsas creencias instigadas por las autoridades sobre la supuesta endeblez de unas balas alemanas que iban a doblarse al entrar en contacto con los uniformes franceses, así como las expresiones de la tropa «legión de horror» por «legión de honor» y «patíbulo» para nombrar la escalera que ayuda a salir de la trinchera a fin de iniciar un ataque de infantería. 

Pocos días antes de firmarse el armisticio que pondrá fin al conflicto, cuando ya todos saben que seguir luchando carece de sentido, el teniente Henri Pradelle, un aristócrata arruinado, quiere ascender al grado de capitán con un último éxito que lleve a su compañía a alcanzar una cota que se le ha resistido durante semanas. Para ello, el 2 de noviembre de 1918 ordena a sus hombres que asalten la posición enemiga. Iniciada la ofensiva, Pradelle disparará por la espalda a dos de sus soldados, que se han rezagado en el ataque al objetivo, a fin de que sus compañeros no encuentren en retaguardia ningún estímulo para la deserción. El soldado Albert Maillard es testigo involuntario de aquel doble crimen, pero un obús alemán lo sepulta pocos segundos después. A punto de morir asfixiado, lo rescata un compañero, Édouard Péricourt, que al poco sufre la deformación permanente del rostro por otro proyectil de última hora.

El horror de la guerra, que contra los artículos patrióticos y los pósteres satinados poblados de héroes impetuosos y doncellas a la espera, es una mezcla de barro, heces y sangre en un paisaje de cráteres de obús y cadáveres de caballos y hombres asediados por las moscas, las ratas y los gusanos, y se describe en Ens veurem allà dalt con una mezcla de sordidez y dignidad, la que aporta la compasión, el compañerismo y la lealtad.

La llegada de la paz no hará sino prolongar la infamia sobre los combatientes que sobrevivieron, testigos incómodos en un París que prefiere rendir honores a los muertos que rehabilitar a los mutilados. Promovido a capitán, el criminal Pradelle prospera como héroe de guerra y caballero condecorado además de socio en una empresa de reinhumación de cadáveres militares que firma un contrato con el Estado, mientras los dos soldados que conocen la acción criminal de aquel, Albert Maillard y Édouard Péricourt, intentan salir a flote desde la miseria y la vergüenza que les produce su propio aspecto y su situación de excluidos con un negocio fraudulento dedicado a los monumentos a los caídos. La novela adquiere su estructura dinámica paralela cuando el destino de Pradelle vuelve a cruzarse con los de Maillard y Péricourt; Ens veurem allà dalt proyecta entonces sus páginas más veloces en espiral hasta alcanzar un final sorprendente que imparte sobre vivos y muertos una suerte de justicia prosaica no exenta de grandeza. Nos encontramos sin duda ante una de las mejores novelas francesas de los últimos tiempos.

Miguel Catalán González

Revista Lletres Valencianes

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